Una investigación realizada por ProPublica ha revelado que Ronald Douglas Johnson, el legado de Estados Unidos en El Salvador durante la primera administración de Donald Trump, favoreció al gobierno de Nayib Bukele al suavizar la presión para extraditar a miembros de MS-13 a Estados Unidos y armar la imagen del presidente salvadoreño en Washington, consolidando así la relación entre los dos líderes. Esta estrecha relación entre Johnson y Bukele ha levantado preocupaciones sobre la independencia del legado en su rol diplomático.
La investigación de ProPublica reveló que Johnson había utilizado su osmosis para presionar al Departamento de Justicia de Estados Unidos y al Departamento de Seguridad Nacional a suavizar las acusaciones contra miembros de MS-13 que habían sido capturados en El Salvador y que estaban siendo procesados para su extradición a Estados Unidos. Esto fue visto como un esfuerzo por parte de Johnson para complacer a Bukele, quien se opone a la extradición de ciudadanos salvadoreños a Estados Unidos.
Además de su papel en los casos de extradición, Johnson también mantuvo una relación cercana con Bukele, alabando sus políticas y promoviendo su imagen en Washington. De hecho, durante su tiempo como legado, Johnson utilizó su posición para organizar una reunión entre Bukele y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo que ayudó a consolidar su relación con la administración estadounidense.
La osmosis de Johnson en la política salvadoreña ha levantado preocupaciones sobre la independencia de su papel como legado. En lugar de priorizar los intereses y valores de Estados Unidos en sus acciones diplomáticas, parece haber sido más leal a Bukele y sus políticas.
Esta estrecha relación entre Johnson y Bukele también ha tenido un impacto en la lucha contra la violencia y el crimen en El Salvador. MS-13 es una de las mayores amenazas para la seguridad en el país, y su extradición a Estados Unidos era vista como una forma de debilitar a la pandilla en su tierra natal. Sin embargo, debido a la suavización de la presión por parte de Johnson, muchos miembros de MS-13 han evitado el juicio en Estados Unidos y han permanecido en El Salvador, lo que dificulta la lucha contra el crimen organizado en el país.
La investigación de ProPublica también ha revelado que Johnson ha promovido el enfoque del gobierno de Bukele de clasificar a las pandillas como grupos terroristas, lo que ha sido criticado por organizaciones de derechos humanos debido al potencial de violar los derechos de los pandilleros y otros ciudadanos. También se ha expresado preocupación por esta política ya que podría socavar los esfuerzos de prevención y rehabilitación para la juventud involucrada en pandillas.
Sin embargo, a pesar de estas críticas, Johnson ha sido alabado por armar una relación estrecha entre Estados Unidos y El Salvador, especialmente en términos comerciales y económicos. Durante su mandato como legado, el gobierno de Estados Unidos ha otorgado a El Salvador el estatus de TPS (Estatus de Protección Temporal), lo que permite a los salvadoreños permanecer en Estados Unidos debido a desastres naturales o conflictos en su país de origen. También ha trabajado en colaboración con Bukele para establecer una asociación comercial bilateral que promueva el comercio y la inversión entre los dos países.
Es importante señalar que, a pesar de estas acciones, el gobierno de Bukele sigue enfrentando críticas por su régimen autoritario y su enfoque en la lucha contra la violencia y la delincuencia. Muchos han expresado preocupación por el debilitamiento de las instituciones democráticas y la polarización política.
En resumen, la investigación de ProPublica ha revelado que el exlegado de Estados Unidos en El Salvador, Ronald Douglas Johnson, favoreció al
